Las nuevas medidas de seguridad contra la propagación del coronavirus, aprobadas este lunes por el Consejo de Gobierno de Murcia, imponen el uso de la mascarilla en todos los espacios públicos, aunque se pueda guardar la distancia de seguridad, de manera obligatoria incluso para comensales en bares y restaurantes. La orden sanitaria impide que los comensales de los bares, restaurantes, terrazas y otros establecimientos públicos puedan permanecer sin mascarilla, salvo si están comiendo o bebiendo. El presidente de la Asociación de Cafés, Bares y Afines de la patronal regional Hostemur, José María Rubiales, considera que la obligación de quitarse y ponerse la mascarilla en la mesa no resulta fácil, aunque tiene claro que cualquier norma es preferible a una nueva cuarentena. Esta medida obliga a mantener un constante ejercicio para ponerse y quitarse la mascarilla, lo que Rubiales considera “complicado”. No llevar puesta la protección se considera como infracción en materia de salud pública, acarreando una multa de cien euros, así que si piensan salir a comer sin tapaboca, calculen que tan caro les saldrá el bocadillo.

Un sector golpeado por las medidas.

La hostelería es el sector que se ha visto más castigado por la crisis del coronavirus y también el que sufrió el periodo de cierre más largo. Los bares y restaurantes no pudieron abrir sus terrazas hasta el 11 de mayo, lo que provocó que un elevado número de establecimientos cerrara indefinidamente. El presidente de la Asociación de Bares acotó que la hostelería no ha conseguido recuperar a la clientela que tenía antes de la pandemia. Aunque la afluencia a las terrazas es muy elevada, Rubiales asegura que todavía existe un gran miedo por parte de los clientes a entrar al interior de los establecimientos. Reiteró una vez más las quejas de los empresarios de la ciudad de Murcia contra el Ayuntamiento y se lamentó de que la autorización para ampliar el espacio de las terrazas «se están dando con cuentagotas», lo que impide la adecuación de espacios disponibles para la captación de clientes. Según las estimaciones del gremio, debido a la poca afluencia de clientes alrededor de 30% de los establecimientos de la Región pueden cerrar, dado que la facturación no da para cubrir los gastos que generan los locales y mantener a la plantilla.