A casi un año de la pandemia, elementos como las mascarillas y el gel hidroalcohólico, se volvieron indispensables a la hora de salir de casa. Junto con todos los cambios que ha conllevado vivir y sobrevivir al Covid-19, acostumbrarse a respirar con el tapabocas, higienizarse las manos incontables veces al día y buscar otros patrones de reconocimiento facial, forman parte de muestra cotidianidad. Con estos cambios prolongados vienen obstáculos y consecuencias a los que hay que hacer frente o acostumbrarse hasta que la realidad pandémica acabe. Así, por las exigencias necesariamente incorporadas a los hábitos diarios, se pueden llegar a tener serios problemas en la piel y en la vista y en reconocimiento de las personas.

La mascarilla y los trastornos de la piel

Máscara quirúrgica, barbijo,​ mascarilla,​ cubrebocas​, tapabocas o como quiera llamársela, era esencialmente utilizada por cirujanos y personal médico en general durante una cirugía, para contener bacterias provenientes de la nariz y la boca; también son utilizadas por personas en espacios públicos ante brotes o epidemias de enfermedades transmitidas por vías respiratorias, o bien cuando el aire de un determinado lugar está contaminado.

Ahora, la utilización obligatoria de las mascarillas como medida de prevención contra la circulación y propagación del coronavirus, tiene sus consecuencias negativas sobre todo para la piel. En el mundo, los dermatólogos durante los últimos meses han visto el aumento de las consultas y citas por la aparición de alergias o el agravamiento de problemas de la piel como el acné, la rosácea o la dermatitis seborreica en la cara. El personal sanitario es el más afectado con el uso prolongado de las mascarillas
Según el Documento Técnico SEMG del Grupo de Trabajo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, entre el 74,5% y el 97% de los sanitarios han reportado algún tipo de trastorno cutáneo por el uso continuado de las mascarillas y geles hidroalcohólicos, siendo las manos y cara (dorso nasal, mejillas y frente) los más frecuentemente afectados. Del mismo modo, el documento técnico informa de que factores como el estrés influyen en el sistema inmunológico bajando las defensas cutáneas. Estos desequilibrios agravan las enfermedades inflamatorias de la piel, como la dermatitis, psoriasis, vitíligo, rosácea; incluso pueden aparecer nuevos problemas cutáneos como el acné y los eczemas. El roce, junto con el tiempo que se lleve puesta la mascarilla es otro factor incidente de estas afecciones la piel. Cuanto más oclusiva es la mascarilla, mejor realiza su función, pero es más probable que produzca rozaduras en el dorso nasal, las mejillas o detrás de las orejas. Además, la oclusión durante largo tiempo, altera la piel favoreciendo los brotes de acné, empeoramiento de la rosácea o irritaciones. Como un mal necesario, por ser un implemento que nos ayudar a resguardar nuestras vidas, sólo queda recomendar:
  • Usar mascarillas de tela no sólo quirúrgicas, que también son confortables y permiten introducir en su interior un filtro homologado, además que se pueden lavar a diario.
  • Diariamente usar cremas hidratantes para proteger las zonas de roce, como la nariz y las mejillas.
  • Se recomienda retirar la mascarilla durante 15 minutos, manteniendo la distancia social, cada tres horas de uso.

La mascarilla y el Síndrome del ojo seco

Ligado a los problemas de fatiga ocular, dolor de cabeza, malestar general y miopía por el mayor uso de pantallas durante la pandemia, también se haya al Síndrome del ojo seco por el uso prolongado de la mascarilla. Según el presidente de la Sociedad Murciana de Oftalmología, Jerónimo Lajara, durante estos meses en los que los murcianos permanecieron en casa con motivo del avance del coronavirus, con el consecuente creciente uso de pantallas por teletrabajo y ocio, los usuarios fijaron más la vista y parpadearon menos, lo que se traduce en una evaporación mayor de la lágrima y produce el 'el ojo seco'. Sumado a lo anterior, el uso irremediable de la mascarilla también agrava este problema oftalmológico, dado que por la parte superior de la mascarilla emerge un flujo de aire que llega hasta los ojos de manera continua, y esto provoca que al que lleve gafas se les empañe y tenga problemas de visualización y que, además, aumente la sequedad del ojo. Dentro de los síntomas del ojo seco, especifica el experto, que están la sensación de tener "un cuerpo extraño o arenilla dentro del ojo", sequedad o enrojecimiento ocular, picor y escozor, lagrimeo y pesadez en los ojos e inflamación de los párpados (blefaritis). El empañamiento de gafas y el ojo seco se han intensificado con el uso de las mascarillas. Foto: Elixpharma.com Siempre para tratar de descartar posibles complicaciones en la vista, se recomienda que todas las personas se hagan al menos una revisión anual y, que aquellas que sufran molestias por muy leves que sean, acudan al especialista médico. El autodiagnóstico no es recomendable "porque uno mismo nunca puede saber si esas molestias derivan en unas consecuencias leves o más graves", inquiere el experto. Aunque el uso de la mascarilla está provocando un aumento de los casos de ojo seco o agudizándolos, no se puede prescindir de la misma. Así que para evitar dicha afección recomendamos:
  • Usar un tapabocas con bandas para la nariz ajustables que ayudan además a evitar el empañamiento de las gafas.

  • Usar un sujetador de mascarillas, que une a las orejas alrededor con la parte de atrás de la cabeza, creando un ajuste más apretado que reducirá el espacio entre la piel y la parte superior del tapabocas.

  • Pegar la mascarilla a la nariz, usando un vendaje adhesivo o una cinta quirúrgica en caso de que las bandas para la nariz no funcionen.

El uso de mascarilla y el reconocimiento del rostro

Protegerse del coronavirus obliga a procesar de distinta forma la información visual del rostro de los demás y altera la percepción facial, lo que puede traer efectos relevantes en nuestras actividades cotidianas. Según un artículo reciente artículo publicado en Scientific Reports, científicos afirman que “el esfuerzo sin precedentes para minimizar la transmisión de Covid-19 ha creado una nueva dimensión en el reconocimiento facial debido al uso de mascarillas”. Para evaluar la percepción facial hicieron una prueba estándar que incluía rostros enmascarados y desenmascarados, y realizaron un estudio online con un grupo formado por alrededor de 500 personas. Lo que arrojó una tasa de éxito del 15% a la hora de identificar a alguien que llevaba una máscara. Con esta investigación determinan que estos cambios en la forma de procesar la información visual, junto con la alteración en el estilo de procesamiento de los rostros, podrían tener efectos relevantes en las actividades cotidianas, incluidas las interacciones sociales, así como en otras situaciones que requieren de interacciones personales, como la educación. En lugar de mirar toda la cara, ahora nos vemos obligados a mirar los ojos, la nariz, las mejillas y otros elementos visibles por separado para construir una percepción facial completa, lo que a merita más tiempo y esfuerzo en un proceso que se hace inmediatamente. Ante esto, los investigadores recomiendan que ante la norma mundial del uso de la mascarilla, se deberían explorar las implicaciones sociales y psicológicas de su uso en el comportamiento humano, ya que los resultados de su estudio probablemente hayan subestimado la magnitud real del efecto que está teniendo el uso de mascarillas.   Notas relacionadas: «Las mascarillas quirúrgicas no sirven sitios cerrados» según investigador José María Lagarón Mascarillas transparentes ¿Protegerán del Covid-19 para que los sordos se beneficien?