No se trata de pensar que hoy jueves santo lo es en sí mismo, sino en que tal día como hoy, de acuerdo al calendario gregoriano, conmemoramos diversos acontecimientos que el líder de la fe Cristiana vivió en la tierra, antes de ser crucificado y cuya existencia se caracterizó por su santidad, como lo establece la Biblia.
La historia de Jesús de Nazaret se desarrolló entre el dominio del imperio Romano, el cual le dio importantes libertades al pueblo de Israel en Jerusalén hasta que tuvo lugar la gran revuelta judía entre los años 66-73 después de Cristo.
Fue en este territorio que se desarrollaron durante el jueves Santo, diferentes hechos que precedieron a la muerte del libertador espiritual de la humanidad y que hoy los recordamos para que en medio de esta crisis sanitaria por la que atraviesa el mundo, renovemos la fe y la confianza en el hijo de Dios.
Los 4 evangelios, Mateo Marcos, Lucas y Juan relatan con diferentes estilos y visiones, lo que aconteció en el contexto de ese jueves Santo. Es de destacar que la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70, fue una de las profecías que más impacta, predicha por Jesús.
Sobre este suceso, Mateo, Marcos y Lucas, exceptuando a Juan, escribieron en los últimos capítulos de sus escritos. Lucas, un médico influyente y reconocido dijo lo siguiente. “Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida”.
Algo andaba mal en Jerusalén, durante los tres años de ministerio del Señor Jesucristo, la clase religiosa del momento, Fariseos y Escribas, eran los grandes privilegiados, pero a la vez muy criticados por Jesús.
Las clases más desposeídas que seguían al maestro por su poder para sanar y sus mensajes esperanzadores, estaban pendientes de él y cada día que pasaba, se concentraban multitudes para verle y escucharle.
Los religiosos, por su puesto, sintieron amenazado el judaísmo a la medida que eran desplazados por el evangelio de Jesús, y dejaban posiblemente de percibir las ofrendas de sus fieles, En pocas palabras, tenían miedo de perder el poder que hasta ese momento tenían.
Desde entonces la élite religiosa en Jerusalén buscaban un motivo para aprender a Jesús, alguna palabra contra el emperador, contra las leyes; que si decía ser hijo de Dios o el propio Dios.
Sobre este particular los evangelios en consenso relatan el complot final para arrestar a Jesús y enjuiciarlo. Tomaremos como referencia lo escrito por Lucas en el capítulo 22.
“Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo. Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce”.
“Este fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo”.
Otro hecho de gran significado para la fe cristiana que se ejecutó el Jueves Santo, es la institución de la Cena del Señor. Un acto que sirvió para representar el sacrificio de Jesucristo, como cordero pascual, Fíjese que en ese encuentro de Jesús con sus discípulos, no se sacrificó ningún cordero como estaba previsto, porque él sería posteriormente sacrificado.
En ese momento la cena se hizo con pan sin levadura, significando el cuerpo de Cristo sin pecado (la levadura significa el pecado en la humanidad) y con vino, expresando la sangre que sería derramada para la expiación de los pecados.
Lucas 22. “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”
“De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”.
El Señor, ese jueves Santo, posiblemente en la noche, también vaticinó la dura acción que llevaría en su contra uno de los discípulos más nombrados en los 4 evangelios, el apóstol Pedro.
Ante su anuncio de negarlo, Pedro expresó que jamás algo así sucedería, pero Jesús le aseguró que: “el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces”.
Y finalmente antes de la media noche del jueves, los evangelios narran un hecho crucial para Jesús, sintiéndose en agonía ante lo que le esperaba.
Mateo, Marcos y Lucas dicen que Jesús los llevó al huerto de Getsemaní para orar.
“Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación”.
“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
“Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”.
“Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”.
Vemos en esta narración a un Jesús que muestra su parte humana, sintiendo angustia y ansiedad, y clamándole al Padre le pidió que en lo posible evitara su muerte, pero sobre todo, que no fuera su voluntad sino la de Él.
Pocas horas después llega Judas con los principales sacerdotes en una turba y entrega a Jesús con un beso.
Aprendamos de Jesús, su humildad, su misericordia, su amor al prójimo, y su sujeción al Padre, esperando siempre su voluntad.
Son tiempos difíciles, tenemos en las calles un virus mortal, pero tenemos a Jesucristo al alcance de una oración; podemos hablarle de nuestros problemas, de nuestra salud, de nuestra situación con los demás. El nos comprende, porque él es el mejor ejemplo de amor y sacrificio.


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