Con Petro se acaba el dominio uribista.
Su triunfo es considerado un logro histórico de la izquierda colombiana, además de que cumplió todo el calendario electoral y sobrevivió en un país donde asesinan a presidentes y candidatos de toda índole.
Su gran promesa de campaña es hacer profundas reformas políticas, económicas y sociales que lleven a Colombia, un país violento y desigual, a la paz y la equidad. "Al camino de la vida y del amor", estas han sido parte de sus estrategias discursivas.
Rebelde, estudioso e introvertido, el presidente electo estuvo 12 años en la guerrilla y construyó su perfil político con valientes denuncias en el Congreso y además ha sido alcalde de Bogotá.
Su origen rompe el tradicional clasismo de la sociedad colombiana
Nació en una familia de clase media baja en un pequeño pueblo de la sabana del Caribe, tierra de ganado y algodón. Su padre era profesor de un colegio y su madre, militante de un partido nacionalista.
Es el mayor de tres hermanos, Petro es descrito como un joven tímido, vestido con colores oscuros, que se dedicó a los libros. A pesar de ser costeño, Petro parece del altiplano andino: es serio, introvertido, desconfiado. Su perfil es el de un intelectual mucho análisis y profunda reflexión.
Una alcaldía de confrontación constante
En 2011, Petro ganó las elecciones para la alcaldía de Bogotá, el segundo puesto más importante del país y plataforma para muchos aspirantes a la presidencia, entre ellos Jorge Eliécer Gaitán, otra de sus influencias, asesinado en 1948.
El recuerdo de la alcaldía es lo que muchos usan para desacreditarlo. Se peleó con los medios, con los entes reguladores, con la presidencia, con la gobernación, con los vendedores ambulantes y hasta con los aficionados a los toros.
Pero su mayor contienda fue con los empresarios de la basura, a quienes quiso quitar el negocio y volverlo público. La reforma generó días sin recolección en una ciudad enorme y una destitución bajo el cargo de improvisador.
Él denunció un golpe de Estado, se fue a la plaza pública con megáfono en mano y logró, con un fallo a su favor de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que lo restituyeran 35 días después.
"Su estrategia fue voltear la situación a su favor", dice La Silla Vacía. "Aunque eso lo dejaba, de cara a la presidencia, como un gobernante antitécnico e improvisador, comenzó a forjar ante sus seguidores la imagen de un candidato perseguido por un sistema al que asustaba con sus promesas de ruptura".
Su aceptación en la capital, en todo caso, está por encima del 60%; ganó allí en 2018, cuando Iván Duque fue elegido presidente, y ahora.
Acceso al agua y disminución del crimen y la pobreza avalan su gestión como alcalde
La alcaldía tuvo logros: bajaron los homicidios y la pobreza, se le dio acceso al agua a millones de personas y se fortalecieron regímenes de habitación y asistencia médica para vulnerables. Él se jacta de haber creado planes para los adictos a las drogas, modelos de expansión de la ciudad con enfoque ambiental y colegios, viviendas para los pobres y centros de salud públicos.
Pero muchos recuerdan ese mandato como un caos político que él aprovechó para lanzar su figura nacional. Y que el tráfico y el desarrollo urbano de la ciudad solo empeoraron, además de que muchas de sus promesas -como construir colegios y jardines infantiles- no se cumplieron.
Petro salió de la alcaldía con decenas de demandas y multas que, según él, casi lo quiebran.
"Es un tipo que inspira y convoca porque es valiente, corajudo, casi suicida en sus iniciativas", dice Carlos Vicente de Roux, un político cercano a él durante la alcaldía, con quien denunció grandes escándalos de corrupción.

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