Múltiples son los estudios sobre los perjuicios del Covid-19 en el organismo, la piel, la psiquis, percepción visual... pero no se había hablado de su repercusión como efecto postraumático en la estructura morfológica del rostro.
De la mano de una médico y una consultora segovianas, realizaron un estudio a varios sanitarios en el que demuestran cómo el estrés postraumático vivido ha afectado a la morfología de su rostro.
Alba Hernández, es médico de urgencias de atención primaria del centro de salud de San Lorenzo, en Segovia, y Arantxa Santamaría, es consultora estratégica del ámbito sanitario.
Se conocieron durante un máster de Comunicación no verbal Científica y Comportamiento Humano que cursaban en la Fundación Empresa Universidad de Alicante, y como trabajo final decidieron investigar las facciones de los sanitarios antes y después de la primera ola.
A la investigación se sumaron además otros 27 profesionales sanitarios del servicio de urgencias hospitalarias del Hospital General de Segovia, el servicio de urgencias de Atención Primaria (SUAP) y el servicio de asistencia municipal de urgencias y rescates (112).
Teniendo como muestra participantes entre 25 y 60 años que les enviaron fotografías del rostro de antes de la pandemia, tomadas entre finales de 2019 y primeros de 2020, fijaron su objetivo de estudio.
En los resultados de dicha investigación, la transformación del rostro luego de la primera ola de la pandemia fueron muy evidentes: gestos afilados, arrugas, párpados caídos y la clásica «V» invertida, propias de una persona retraída, ensimismada, pesimista, desánimo y cansancio prolongado.
Aplicando herramientas científicas con base en la neurociencia, ambas expertas han determinado que "los profesionales se han cerrado más respecto a la información que reciben del exterior".
Observaron que el rostro se vuelve más estrecho, dando la impresión de ser más alargado, independientemente de si hay pérdida o ganancia de peso en general. Además, los ojos se encuentran más hundidos y los orificios nasales se cierran".
"Además de registrar el cambio del rostro, lo ha hecho también la personalidad de los sanitarios, su manera de comunicarse y relacionarse tanto con su entorno profesional como son los pacientes y compañeros, como con su entorno personal, afectando significativamente a la parte emocional de estos profesionales", añadió Santamaría.
Manifiestan que esta situación puede revertirse, pero hay una huella emocional fuerte, como son los síntomas de un estrés postraumático, que podría llevar mucho tiempo.
Los rasgos de tristeza profunda son una marca más intensa que habría que trabajarla de manera terapéutica, teniendo en cuenta que estas personas están en plena tercera ola y no pueden parar en seco para acudir a una terapia en este sentido, concluye Santamaría.
Cómo afecta la pandemia la morfología del rostro
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