Las actividades de hostelerías fueron clausuradas desde el pasado sábado en toda la Región. Sin embargo, las cantinas del campus de Espirnos han sido privilegiadas y se mantienen sus actividades, aunque con severas restricciones. Los estudiantes universitarios defienden esta decisión alegando que son “necesarias”. La medida de cerrar los establecimientos en la Región fue impuesta por el Gobierno Regional para frenar la curva de contagios. Así, lo explicó Fernando López Miras hay que “reaccionar para combatir el avance del coronavirus”. En medio de esta situación en la que se halla el sector hostelero, existen pequeños sitios en los que las maquina de café sigue funcionando. Incluso, en algunos los menús y los almuerzos continúan sirviéndose. Los servicios de cantinas, comedores de amito social y laboral, para dar servicio a los residentes o trabajadores, son excepciones decretadas por el Gobierno Regional. Este decreto se extenderá hasta el final del mes, tal como lo decretó la orden de la Consejería de Salud publicada en el BORM. En los locales solo se sirve a personal universitario y estudiantes que, no se venden litros de cerveza para compartir. Así lo dio a conocer la Policía Local de Murcia usuarios de las redes sociales que se indignaron por la apertura de la cantina. Los usuarios mostraron una foto con mesas llenas de estudiantes en la terraza. De una forma legal, las cantinas se han transformado en una “rara avis” en el sector hostelero. Sin embargo, deben cumplir con extremas limitaciones de admisión y las normas preventivas. En primera instancia, su uso de los establecimientos es exclusivo para el personal universitario y los estudiantes. «Lleve su carnet para poder ser identificado y atendido», imploran los carteles situados en todos los locales del campus.

Estudiantes defienden Cantinas del campus de Espirnos

En los carteles se notifica también, que los locales son exclusivamente para consumir alimentos. “No se venden litros de cerveza ni raciones para compartir, al objeto de prevenir el contacto a través del intercambio de comida y bebida”. Así lo detallo Paula, una estudiante que  se encontraba en la cantina de Económicas, este martes. También, se lee en los letreros la advertencia de la ocupación de las meses y la limitación de tiempo para comer y están prohibidas las actividades lúdicas o sociales. «Podemos juntarnos alrededor de un café y charlar un rato; ahora mismo somos unos privilegiados. No hay discusión en cuanto a las normas y la gente lo sabe; por eso la mayoría las cumple», asegura Marta, una alumna de primero de Económicas, que este martes compartía mesa y desayuno con tres compañeras de carrera en la cantina de Ciencias del Trabajo y Trabajo Social de la UMU. “Los camareros están muy pendientes del número de personas que se sientan juntas y de si llevan la mascarilla bien puesta. No dejan coger sillas ni mover mesas, porque están a su distancia de seguridad. Hay mucho control”, indica Andrea, otra estudiante. Los alumnos fueron sorprendidos cuando descubrieron que las cantinas se mantendrían abiertas “Pensaba que estaría cerrada y era una faena, porque, al igual que muchos compañeros, vivo lejos del campus y no puedo ir a casa a comer y regresar en una hora. Las cantinas son necesarias”, sostiene Daniel, alumno de Educación, que almuerza en la cafetería situada junto a su facultad. Aunque la mayoría de universitarios están de acuerdo en que el servicio de comida es imprescindible, no todos comparten que la apertura sea total. “Agradezco que esté abierta, pero no tiene ni pies ni cabeza. La hostelería se cerró por unos motivos que aquí también se dan; no hay nada que diferencie una cantina de un bar. El riesgo es el mismo o mayor, porque después de estar aquí nos metemos todos en una clase. Deberían buscar otras alternativas”, argumenta Pablo, de Trabajo Social.